Donde la infancia todavía alcanza

Entre sorbos y suspiros
Jéssica Valdez

Y después de la algarabía navideña, después de los brindis con ponche, vino, tequila o cerveza; después de atragantarnos con las uvas —porque a veces doce son insuficientes y hay quien se comió cuarenta y tres—, empezamos un año nuevo lleno de esperanza, de sueños y de un mundo de posibilidades tan grandes como nuestros deseos.

Aquí estamos, disfrutando la última parte de estas fiestas, esperando con ilusión a los Reyes Magos. Pocos los conocen ya, pero acá, en el centro de la ciudad, siguen siendo nuestro hit. Vienen con más fuerza, con más capacidad de almacenaje, con más bondad. Porque ellos no te dejan un regalo: te dejan tres. Imagínense, ponerse de acuerdo con uno mismo ya es complicado… ahora piensen en llegar a acuerdos entre tres Reyes que, aparentemente, todo lo pueden.

Yo recuerdo que mi carta siempre iniciaba así:
“Queridos Reyes Magos, espero que se encuentren bien y que su camino no sea agotador.” Por cierto, siempre les dejaba un poco de agua para los animales y leche con galletas para esos Reyes, humildemente, claro. Y luego venía la parte importante: mis deseos. Generalmente materiales, como suele pasar cuando uno es niño.

Después comenzaba la etapa más difícil: intentar dormir sin morir en el intento. Porque, aclaro, yo me despertaba cada que podía para ver si ya habían llegado los regalos… hasta que, finalmente, caía rendida en un sueño profundo.

Al despertar, ese árbol brillaba como nunca. Había regalos, había dulces y, a veces, hasta dinero.
Era muy divertido.

Tengo un hermano que en esas épocas siempre se levantaba antes que yo. Y entonces venía el verdadero reto: dilucidar cuáles regalos eran suyos y cuáles eran míos. En alguna ocasión, aparentemente, a él se le había beneficiado más que a mí. Con el tiempo descubrimos que había sido el mismo, aplicando esas bromas pesadas de hermano menor: “a mí me trajeron más que a ti”. Y luego, claro, me tomaba de esclava emocional para “compartirme” sus regalos.

Cosas de infancia.
Cosas que se quedan.

Al final, de eso se trata todo esto: de seguir compartiendo en familia, de sostener la magia, de no soltar esos rituales que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos.

Dicen que nosotros elegimos el lugar donde queremos nacer.
No sé qué piensan ustedes de eso…
pero a veces, cuando recuerdo estas historias, quiero creer que sí.

Hoy es día de partir la Rosca de Reyes, porque sí: este país no para de tradiciones. La rosca, en sí misma, representa el amor divino del niño Jesús. Su forma redonda simboliza tanto el amor eterno como la persecución que vivió, huyendo de Herodes. Por eso, quien encuentra al niño se convierte en su padrino simbólico y la historia culmina —muy a la mexicana y muy del centro del país— con tamales el 2 de febrero.

Pero al final, todo nos lleva al mismo lugar: compartir.

Así que más allá de las dietas, de las creencias religiosas, de si prefieren o no el gluten, del ate o del relleno, de que nunca viene sola porque siempre llega acompañada de champurrado, café o atole… sigan riendo, sigan abrazando, sigan amando. No sean pichicatos con el cariño. Amen profundo. Valoren lo que tienen. Y repito mi frase emblemática: hay almas que no se repiten dos veces en la vida.

Y confieso algo más: en esta partida de rosca me tomé muy en serio la tarea.
Hice un verdadero scouting por la Ciudad de México para encontrar la mejor Rosca de Reyes. No les voy a mentir.

Encontré opciones maravillosas: la sofisticada —y carísima de Paris— de Maricú; algunas en tendencia como la de matcha; otras con nuez moscada, avellana, guayaba con queso… propuestas espectaculares, creativas, dignas de foto y conversación larga.

Pero también encontré roscas mucho más sencillas. Las básicas. Las de toda la vida. Azúcar, ate y pan. That’s it.

De verdad hice el recorrido exhaustivo: Vulevu, Macaria, La Esperanza, La Ideal, Fruto de Raíz… y al final del camino entendí algo que aplica no solo para el pan, sino para casi todo en la vida:

La rosca perfecta, el pan perfecto, la comida perfecta, el café perfecto… es simplemente el que nos gusta.
El que nos conecta.
El que nos sabe a casa.

Y bueno, para pasar a otro tema igual de importante que la ilusión, habrá que decir que no sé ustedes, pero yo ya estoy preparando mis deseos para el 2026. Apagar un poco el ímpetu, afilar mejor la garra, seguir igual de amorosa, bajarle tantito al orgullo… pero, en resumidas cuentas, vivir más, reír más y besar más.

Y por último, queridos Reyes Magos —esos de pan dorado y costra de azúcar—: aquel barbón de rojo no me trajo lo que le pedí. Parece que ya no estaba en su lista de prioridades. Pero no se olviden de pasar por casa… aunque sea a refrescarse.

Porque mientras sigamos creyendo, compartiendo y partiendo el pan, la magia —como la vida— siempre encuentra la forma de quedarse un poco más.

Al final, todas estas historias nos regresan al mismo punto: compartir.
Compartir el pan, la mesa, la risa, la memoria y la esperanza.

No importa si la rosca es artesanal, sencilla o la más buscada de la ciudad.
No importa si los deseos cambian o si algunos se quedan pendientes.
Lo que permanece es el gesto: sentarnos juntos, partir algo con las manos, creer —aunque sea un poco— que la vida puede ser más amable.

Tal vez crecer no sea dejar de creer, sino aprender en qué creer.
Creer en los vinculos, en los rituales, en las personas que elegimos para acompañarnos.
Creer que mientras sigamos compartiendo, la magia no se pierde: se transforma.
Y quizá ahí esté el verdadero regalo de estas fechas —y de la vida misma—: entender que no hay rosca perfecta, ni deseo absoluto, ni tradición correcta, solo momentos que valen la pena ser vividos juntos.


Porque al final, todo nos conduce al mismo lugar:
el amor que se comparte siempre vuelve.

Tips al momento

El “caldito” de César Jáuregui…

Quien anduvo de gira en Camargo fue el Fiscal General del Estado, César Jáuregui Moreno, quien inclusive se paro a promocionar el “mejor caldo de Chihuahua”, según su video difundido en redes sociales.

En la grabación, el fiscal aparece acompañado de Arturo Rey Porras, mejor conocido como “El Chilaquil”, una figura emblemática del béisbol en Camargo, lo que dio mayor visibilidad al material que aparece en el perfil personal de Jáuregui.

El video se propagó mientras Jáuregui cumplía una agenda de actividades en el municipio, aunque hasta el momento, la Fiscalía General del Estado no ha compartido información sobre su visita al municipio…

 

https://www.facebook.com/reel/1452963040165570

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El video se propagó mientras Jáuregui cumplía una agenda de actividades en el municipio, aunque hasta el momento, la Fiscalía General del Estado no ha compartido información sobre su visita al municipio…

 

https://www.facebook.com/reel/1452963040165570

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