Cartilla Nacional de Salud facilita seguimiento y control de pacientes

Ahí se registran los principales servicios que se han proporcionado al paciente, e integra además, acciones de promoción de la salud, nutrición, esquema de vacunación y citas médicas

Se dividen en cinco segmentos por edad: menores de de cero a nueve años, adolescentes de 10 a 19 años y hombres o mujeres de los 20 a los 59 años, adultos mayores de 60

La Secretaría de Salud de Gobierno del Estado exhorta a la población a hacer uso de la Cartilla Nacional de Salud en toda consulta médica, así como a mantenerla actualizada acorde a la edad, con el propósito de eficientar los servicios de salud en las diferentes unidades médicas del Estado.

Lo anterior, debido a que las cartillas se encuentran divididas en cinco segmentos o grupos, por edades, para atender las necesidades fundamentales de salud de cada grupo, ya que cada cartilla contiene seis acciones especiales para mejorar la calidad de vida, por lo que de lograr que se atiendan cinco de ellas, se convierte en una atención integral.

Dicho documento facilita el control y seguimiento del estado de salud, mediante el registro de los principales servicios que se han proporcionado al paciente, ya que integra además, acciones de promoción de la salud, nutrición, esquema de vacunación y un apartado de citas médicas.

A las y los menores de edad, de los cero a los nueve años, se les prestan servicios especiales enfocados a la promoción de la salud, nutrición y actividad física, esquema de vacunación, prevención, detección y monitoreo de enfermedades y adicciones.

En el caso de adolescentes, la cartilla abarca a población comprendida en el rango de los 10 a los 19 años de edad, continúa con los primeros cinco puntos de atención y modifica el tratamiento de adicciones por la atención en salud sexual y reproductiva, en la que se trabaja en materia de prevención y atención del embarazo adolescente y de enfermedades de transmisión sexual.

Así como las de hombres o mujeres que se encuentran entre los 20 y los 59 años de edad, cartillas que varían según el sexo, lo que permite brindar un servicio de calidad, tanto para mujeres como para hombres, en servicios adscritos a la promoción de la salud, nutrición y actividad física, esquema de vacunación, salud sexual y reproductiva.

Mientras que la cartilla de los adultos mayores, que tienen 60 o más años de edad, contiene acciones como promoción de la salud, nutrición y actividad física, esquema de vacunación, atención médica y prevención, así como chequeo de enfermedades.

Cada cartilla cuenta con un apartado especial para citas médicas, lo que permite al personal de salud y al paciente, llevar un orden en las atenciones.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Notas recientes