Toma protesta Gilberto Loya a más de mil integrantes de Redes Vecinales en Ciudad Juárez


Durante la mañana de este sábado 4 de abril, el Secretario de Seguridad Pública del Estado, Gilberto Loya, encabezó la toma de protesta de redes vecinales en la colonia Partido Iglesias, en Ciudad Juárez, donde cientos de personas de diferentes colonias se dieron cita para integrarse a esta estrategia de seguridad pública.

Este ejercicio de participación ciudadana se ha implementado en municipios como Delicias, Camargo, Chihuahua, Parral, Cuauhtémoc, Nuevo Casas Grandes, Meoqui y Saucillo, a través de la Subsecretaría de Participación Ciudadana y Prevención del Delito, con el objetivo de trabajar de manera coordinada con la sociedad para promover la cultura de la legalidad, la cohesión social y la seguridad en las comunidades.

Durante el evento, Gilberto Loya dirigió un mensaje a las y los asistentes, en el que destacó la relevancia de la participación ciudadana como herramienta clave en la construcción de la seguridad:

“La prevención social y la participación ciudadana son nuestras mejores herramientas para enfrentar la violencia y la delincuencia. En mis recorridos por el estado, cada vez me convenzo más de que las políticas preventivas, cuando las encabezan personas buenas, trabajadoras y comprometidas como ustedes, es cuando alcanzan resultados reales”, expresó el titular de la SSPE.

En el evento también participaron líderes y representantes de colonias de Juárez, como Morelos de Zaragoza, Manuel Valdez, Colonial del Alcalde, Rancho Anapra, Riberas del Bravo, Morelos, Portal del Roble y Aztecas, entre otras.

Asimismo, acompañaron al titular de la SSPE la subsecretaria de Participación Ciudadana y Prevención del Delito, Rosa Isela Gaytán, Luis Angel Aguirre, subsecretario de Estado Mayor, así como el titular del Sistema Penitenciario, Ricardo Fernández Acosta, quienes coincidieron en la importancia de fortalecer la colaboración entre ciudadanía y autoridades para generar entornos seguros desde lo local.

Esta toma de protesta tiene como objetivo empoderar a la ciudadanía en la creación de liderazgos comunitarios, así como consolidar redes de apoyo y seguridad desde las propias colonias. De manera complementaria, el personal de Proximidad de la Policía del Estado brinda capacitaciones permanentes en temas como prevención de la violencia, acoso, bullying, prevención de adicciones, crianza positiva y ciberseguridad.

La Secretaría de Seguridad Pública del Estado reafirma su compromiso de fortalecer el tejido social bajo el liderazgo de Gilberto Loya, impulsando la participación ciudadana como eje fundamental de la seguridad, porque con seguridad damos resultados.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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