El Ejército capacitó a 7 mil soldados contra amenazas previo al Mundial 2026

Para la seguridad del Mundial 2026, el Ejército capacitó a casi 7 mil soldados y guardias nacionales en tareas especializadas, como neutralizar drones, detectar explosivos y reaccionar ante agentes biológicos o químicos.

Estadios, aeropuertos y demás instalaciones relacionadas con el torneo que tendrá lugar en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey contarán con 2 mil 100 militares y 4 mil 700 guardias nacionales con adiestramiento especializado en prevención y reacción ante diferentes escenarios.

En respuesta a una solicitud de información hecha por Latinus, la Secretaría de la Defensa Nacional detalló que hasta febrero había realizado una docena de cursos para capacitar a su personal de cara a la Copa Mundial que tendrá su partido inaugural en el Estadio Azteca el 11 de junio.

Los soldados recibieron preparación en sistemas antidrón, en búsqueda de artefactos explosivos improvisados y en riesgos químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.

Los cursos también incluyeron distintas tareas para agrupamientos a caballo, como patrullajes y formaciones, mientras que 188 células de binomios caninos del Ejército se prepararon contra explosivos y drogas.

Para su despliegue en instalaciones mundialistas, 4 mil 700 elementos de la Guardia Nacional recibieron capacitación en dispositivos de seguridad, control de personas y primeros auxilios para heridos en combate.

Los elementos que recibieron la capacitación forman parte de los casi 21 mil efectivos de las fuerzas armadas que participarán en la Fuerza Operativa encargada de la seguridad del Mundial, la cual contará además con 58 mil policías y 20 mil guardias privados, según las autoridades.

Al informar sobre la Fuerza Operativa, el jefe del Centro de Coordinación para el Mundial 2026, Román Villalvazo, detalló el 6 de marzo que los especialistas del Ejército entrarán en acción antes del despliegue de los dispositivos de seguridad en las instalaciones
mundialistas.

“Estos equipos de especialistas llevarán a cabo barridos de químico, biológico, radiológico, nuclear, antiexplosivos; barridos electrónicos de microfonía. Emplearemos binomios canófilos”, explicó Villalvazo en la conferencia mañanera.

El Ejército se ha preparado al menos desde 2023 con ejercicios de ensayo ante “eventos de alto impacto”, como lo serían amenazas terroristas, durante el Mundial en territorio mexicano.

México recibirá al menos a 12 selecciones, incluyendo la mexicana, en los 13 partidos que se disputarán en el país durante la Copa Mundial.

Latinus

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Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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