Broadway permanecerá cerrado hasta junio por la pandemia de coronavirus

Los teatros en la icónica zona de Nueva York cerraron sus puertas el 12 de marzo. La reapertura se retrasará dos meses

Broadway League, una organización que representa a los productores de Broadway y a los propietarios de teatros, anunció este miércoles la extensión del cierre actual de los espectáculos de Broadway de acuerdo con los esfuerzos que siguen en curso para combatir la pandemia de coronavirus en todo el estado de Nueva York, epicentro de la pandemia, que registra más de 4.000 muertes.

Los teatros han estado cerrados desde el 12 de marzo, por orden del gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, que inicialmente prohibió las reuniones de 500 personas o más en un intento por reducir la tasa de infección del nuevo coronavirus. Las actuaciones se reanudarían el 13 de abril. No obstante, ahora, los espectáculos se suspenderán oficialmente hasta el 7 de junio.

“Nuestra principal prioridad continúa siendo la salud y el bienestar de los asistentes al teatro de Broadway y las miles de personas que trabajan en la industria del teatro todos los días, incluyendo actores, músicos, artistas de teatro, ujieres y muchos otros profesionales dedicados”, dijo Charlotte St. Martin, Presidenta de Broadway League, en un comunicado.

"Broadway siempre estará en el corazón de la Gran Manzana, y nos unimos a artistas, profesionales del teatro y fanáticos para esperar el momento en que una vez más podamos experimentar el teatro en vivo juntos", continua el comunicado.

Se estiman pérdidas en los ingresos de taquilla en Broadway para el cierre de tres meses en alrededor de USD 500 millones, con el impacto adicional en las empresas del distrito que ganan por los amantes de Broadway que empuja esa cifra a más de USD 1 mil millones. Si bien los teatros de Broadway han estado cerrados por períodos cortos en el pasado, debido a disputas laborales, a raíz del huracán Sandy de 2012 e después de los ataques del 11 de septiembre, un cierre de esta duración no tiene precedentes.

La industria está preparándose para un período de recuperación difícil, ya que es comprensible que el público tenga dudas sobre la exposición en multitudes incluso después de la reapertura de los teatros, mientras que el turismo que constituye gran parte del negocio de Broadway no será rápido y aún incierto.

La comunidad teatral de Nueva York se ha visto personalmente afectada por la pandemia con la pérdida por complicaciones del coronavirus del dramaturgo Terrence McNally, el actor Mark Blum, el compositor Adam Schlesinger y el ex presidente de Drama Desk William Wolf, entre otros, mientras que amados artistas escénicos, incluidos Brian Stokes Mitchell, Gavin Creel y Aaron Tveit han dado positivo por el virus.

El lunes, el Society of London Theatre anunció que las sedes del West End permanecerían cerradas hasta el 31 de mayo, extendiendo el cierre más allá de la fecha anterior fijada para espectáculos suspendidos del 26 de abril.

 

Infobae

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Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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