Estará programa Destilichadero en 6 colonias del 25 al 30 de agosto

 

Para evitar acumulaciones de basura de grandes dimensiones en las viviendas, que podría generar plagas o problemas de salud, el Gobierno Municipal, a través de la Dirección de Servicios Públicos Municipales, informa el calendario del programa Destilichadero, que se realizará del 25 al 30 de agosto en seis colonias de la Capital.

El Destilichadero consiste en retirar basura de grandes dimensiones que el camión recolector no puede trasladar, por lo que se pone a disposición de la población un contenedor en un punto fijo en un horario de 9:00 am a 3:00 pm de lunes a viernes, mientras que el sábado de 9:00 de la mañana a 12:00 del mediodía.

Aunado a ello, se realizan recorridos con perifoneo en los vehículos por los cuadrantes de las colonias que se visiten en la semana para retirar los tiliches, por lo que se pide que dejen estos desechos al pie de banqueta.

Por otra parte, si algún empleado solicita remuneración por la recolección, se invita a reportar al número 072, en un horario de 9:00 de la mañana a 3:00 de la tarde de lunes a viernes.

Lunes 25 de agosto 
Colonia: Ignacio Allende 
Cuadrante: Prolongación Unidad, Abolición de la Esclavitud, Periférico de la Juventud, Universidad de Juárez
Contenedor: San Miguel El Grande y María Ana de Unzaga

Martes 26 de agosto
Colonia: Tierra y Libertad
Cuadrante: Ignacio Rodríguez, 16 de Septiembre, Manuel González Cossío, Sandinistas
Contenedor: Victoria del Pueblo y López Rayón

Miércoles 27 de agosto
Colonia: Peña Blanca
Cuadrante: Av. Los Trabajadores, Teófilo Borunda, Reforma Urbana, Cívico Popular
Contenedor: Teófilo Borunda y Centauro del Norte (Estacionamiento de parque El Acueducto)

Jueves 28 de agosto
Colonia: El Refugio
Cuadrante: Periférico Lombardo Toledano, Tucán, Pioneros
Contenedor: Calle 10a y 3ª

Viernes 29 de agosto
Colonia: Las Margaritas
Cuadrante: Estación Fresno, Calle Uva, Calle Limón, Estación El Vergel
Contenedor: Calle Limón y Calle Manzano

Sábado 30 de agosto
Colonia: Cuarteles
Cuadrante: Flores Magón, 54a, Roque J. Morón, Jiménez
Contenedor: Ángela Peralta y Benítez

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

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