Survivor México: quién fue el eliminado de ayer en el reality

La noche de este jueves 12 de agosto los fanáticos de Survivor México, el reality más popular de la televisión mexicana, fueron testigos de un duelo lleno de lágrimas, pasión y entrega.

El programa está llegando a su fin y los competidores no se están guardando nada, al contrario, están dejando todo sobre la arena. Luego de otro consejo tribal, los nominados fueron Sargento Rap, Adianez Hernández y Pablo Martí.

Carlos Guerrero, mejor conocido como “El Warrior”, explicó las indicaciones para el duelo final y posteriormente conocer al nuevo eliminado.

La competencia consistía en sostener varias esferas sobre una base de madera que los participantes tenían que agarrar con la mano.

Contra todo pronóstico, Adianez Hernández fue la primera en salvarse, ya que en la jornada, tanto Pablo como Sargento no pudieron mantener el equilibrio.

Todo quedaba entre dos, ambos personajes fueron de los más populares y controversiales del programa. Sargento Rap frente a Pablo Martí, un rapero contra un chef.

Los segundos pasaban y el cansancio mermaba a los competidores, pero al final Sargento Rap terminó por caer y convertirse en el nuevo eliminado de este 12 de agosto.

El cantante se quedó congelado y abrazó a Pablo con una sensación de decepción. Las emociones fueron tantas que el Sargento Rap rompió en llanto.

“Estoy algo bloqueado, traigo un nudo en la garganta, no me gusta perder, pero es algo que me llevará a casa. Yo soy millonario allá afuera porque lo tengo todo, pero aún así es una derrota que se quedará marcada en mi vida”, declaró Sargento Rap entre lagrimas antes de marcharse de la competencia.

Julio Barraza, Jorge Ortín, Cynthia González y Paco Pizaña se conmovieron con las palabras de Sargento Rap y lo despidieron con unos segundos de aplausos.

“Recuerden todo lo que pasaron para estar aquí, sobrevivientes, todo el sufrimiento que vivimos luego de 120 días en la jungla. Gracias por todo lo vivido y todos los aprendizajes”, agregó Sargento.

De igual forma, Sargento se despidió con su carismático grito de guerra: “¡EL MESÍAAAAAAAAAAAAASSS!”.

Este viernes 13 de agosto se definirá otro eliminado para que el próximo domingo se juegue la gran final en vivo.

Y es que conforme avanza la competencia, las reglas cambian y la producción de Survivor México abrió una votación en redes sociales para que los seguidores eligieran a su personaje favorito para ganar la gran final.

Este domingo 8 de agosto, luego de la famosa ceremonia de nominación, Jorge Ortín, Julio Barraza y Alejandra Toussaint chocaron en duelo de eliminación.

Tiempo después, la rapidez y habilidad de Julio le valieron la permanencia, así que la eliminada del día de hoy fue Alejandra Toussaint.

“Tengo muy claro el momento en el que se me cayó la pieza y perdí tiempo. Siempre tuvo el apoyo de la banca, pero al final los nervios me terminaron costando la permanencia. Yo siempre he dicho que los dioses hablan y la fatalidad del destino nos termina alcanzando”, declaró Toussaint antes de partir del programa.

ELIMINADOS HASTA LA FECHA DE SURVIVOR MÉXICO

* Gabo Cuevas

* Daniel Torres

* Bella de la Vega

* Carlos “Chicken” Muñoz

* Brissia Mayagoitía

* Dennis Arana

* Natalia Alcocer

* Daniel Cortés

* Eduardo Barquín

* Memo Dorantes

* Aranza Carreiro

* Bárbara Falconi

* Kristal Silva

* Valeria Peñaloza

* Denisha

* Gary Centeno

* Fernando Vélez

* Alejandra Toussaint

En su primera temporada emitida en el año 2020, “Survivor” tuvo como ganador a Lalo Urbina después de superar ocho semanas de pruebas, las eliminaciones de sus compañeros e imponerse en la etapa final ante Ximena Duggan. A lo largo de su camino perdió masa muscular y dos kilos de peso, además de afrontar otro tipo de dificultades como fue romperse un diente al intentar pelar un coco para comerlo, hecho que realizó una vez con éxito.

Con información de Infobae

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Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

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La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

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