Sodexo se convierte en Pluxee y sigue ofreciendo grandes beneficios empleados

 

Con el objeto de brindar un mundo más amplio de oportunidades, Sodexo Beneficios e Incentivos, líder en herramientas para mantener trabajadores satisfechos se convierte en Pluxee, una nueva marca de experiencia de empleado.

Las Soluciones Pluxee pasa así al primer lugar en servicios de beneficios y engagement; y esta transformación da un mayor soporte a las compañías frente a los cambios que se están manejando en el mercado laboral y las expectativas de los empleados en cuanto a su bienestar y realización profesional.

Se trata de una marca digital que, según Aurélien Sonet, CEO de Sodexo Beneficios e Incentivos, es optimista e innovadora y representa la visión de y ambición de la empresa para estar a la altura del crecimiento del mercado que no solo se encargará de retener a los empleados y hacer de su trabajo una experiencia más agradable, sino también fungirá como un elemento diferenciador para atraer nuevos talentos, especialmente en el ámbito digital.

¿Cuál es el objetivo de adoptar una nueva marca?

Con la adopción de una nueva identidad, la empresa persigue marcar una mayor diferencia en cuanto a beneficios entendiendo que nos desenvolvemos en un mercado extremadamente dinámico.

Pluxee permitirá a sus empresas aliadas potenciar la imagen de su marca, mediante el ofrecimiento a sus empleados de lo que se conoce como Soluciones Pluxee que son respuestas innovadoras y personalizadas ajustadas a los cambios del ámbito laboral.

La nueva marca tiene como principal objetivo contribuir a que cada trabajador pueda disfrutar de servicios de calidad. La expansión de Pluxee ratifica la importancia, el peso y la confianza que se ha ganado entre sus empresas clientes. Actualmente se considera un actor de referencia presente en 31 países que posee todo el potencial necesario para captar el nuevo mercado gracias a su experiencia de más de 45 años.

Beneficios de contar con Pluxee

Entre las ventajas que aporta Pluxee a sus 500 mil empresas clientes es que brinda cada vez soluciones más complejas que benefician a los empleados. Estas soluciones son variadas y tienen como atractivo un eficiente ecosistema digital.

La empresa cuenta con 66 millones de usuarios que cuentan con servicios personalizados, lo que a su vez le da más libertad a la hora de tomar decisiones más responsables y con un mayor poder adquisitivo. 

Actualmente la compañía tiene 1,7 millones de comercios asociados que gozan de una forma más fácil de trabajar a la hora de mantener trabajadores satisfechos, sumado a que ayuda a incrementar el tráfico en sus puntos de venta y les permite una mejor interacción con sus consumidores gracias a la obtención de datos. Como ya se sabe, mientras mejor se conoce al usuario mejor servicio puede prestarse.

El trabajo de Pluxee se ha extendido por países como Francia donde cada día más de 6 millones de personas utilizan sus servicios, además de los más de 3,5 millones en India.

La marca ayuda a las Administraciones Públicas a innovar socialmente para hacer frente a las necesidades de los empleados, mediante gestiones que van desde las ayudas sociales hasta la canalización del gasto en el sector. Solo en Europa, Pluxee dirige cada año 4.000 millones de euros en ayudas sociales.

Se trata de una marca que apoya la estrategia autónoma. Es moderna y su sistema digital refleja su visión y la ambición por un mejor posicionamiento, además de aportar valor a todos sus interlocutores

Los empleados de sus compañías afiliadas tienen un mayor sentido de pertenencia, a través del impacto positivo que pueden dejar en las vidas de millones de personas.

 

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Notas recientes