El Sitio de Cuautla y del valiente niño artillero

El Sitio de Cuautla hace referencia a un hecho histórico que ocurrió en Cuautla de Amilpas (hoy Morelos) entre el 19 de febrero y el 2 de mayo de 1812 durante el cual las tropas mexicanas vencieron a las españolas en contra de todo pronóstico.

Era plena Guerra de Independencia cuando ocurrió la batalla de Cuautla. Las tropas insurgentes a cargo de José María Morelos fueron asediadas y sitiadas por las tropas realistas y su líder Félix Calleja.

Los combatientes mexicanos tenían todo en contra. Muchos ni siquiera tenían una buena preparación militar, los edificios en los que se resguardaban eran pobres y débiles y las armas estaban en pésimo estado. Esto generó un exceso de confianza en Félix Calleja, quien daba por hecho que obtendría la victoria.

El 19 de febrero Calleja decidió avanzar y atacar de forma contundente. Él y su ejército se dirigieron hacia la plaza y hacia el Convento de San Diego, donde se encontraba a cargo Hermenegildo Galeana.

Las tropas realistas avanzaron con facilidad a pesar de la gran resistencia que ofrecían los insurgentes. Casi consiguieron conquistar la Plaza, pero ocurrió un contratiempo que los obligó a detenerse.

De acuerdo con el Cuadro Histórico de María de Bustamante, los realistas dejaron de avanzar gracias a un niño de apenas doce años llamado Narciso Mendoza. Este pequeño de valentía incomparable había permanecido en su puesto disparando un solitario cañón.

Y aunque, de acuerdo con un artículo del INEHRM, esta historia podría ser una alusión a un conjunto de múltiples de niños que lucharon con valentía y no a uno solo como sostuvo Bustamante, sí hay un documento histórico que podría probar la existencia de Narciso Mendoza.ç

Se trata de un texto dirigido a Juan Nepomuceno de Almonte en el cual un antiguo soldado se presenta con el nombre de Narciso Mendoza y asegura ser quien disparó el cañonazo que permitió distraer a las fuerzas realistas.

Y aunque aún no se han encontrado documentos suficientes para probar la hazaña de Mendoza, sí se tienen registros sobre la pausa que hizo el ejército realista; hecho que dio cierta ventaja al ejército mexicano.

Al percatarse de la oportunidad que les otorgó Narciso Mendoza, Hermenegildo consiguió reorganizar a sus tropas y contra atacar con tal fuerza que consiguió recuperar las posiciones militares perdidas.

A pesar de que tuvieron que pasar varios días de batallas intensas, finalmente la madrugada del 2 de mayo de 1812, Félix Calleja se dio por vencido y escribió una misiva al virrey Venegas para ponerlo al tanto.

Cabe señalar que a partir del año 2022, y por unanimidad, los senadores mexicanos declararon que cada 2 de mayo se celebraría el Día del Aniversario del Rompimiento del Sitio de Cuautla. Esto como un reconocimiento a aquellas mujeres, hombres e incluso niños “que nos dieron Patria” y que lucharon por la Independencia de México.

Y así fue como,contra todo pronóstico, las fuerzas mexicanas vencieron a las realistas gracias a un valiente niño artillero.

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Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

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