Llega a Chihuahua la serie Neo 3 edición Free Fire de smartphones de la mano de ZTE y Telcel

La reconocida marca de smartphones nubia, anunció la llegada al mercado mexicano y de Chihuahua del nubia Neo 3 5G. Este smartphone ha sido diseñado parar brindar una experiencia de juego móvil superior, combinando potencia, diseño inmersivo futurista Biomecha y el mejor precio bajo la máxima“Mejor gaming para todos”.

Potencia y rendimiento para gamers exigentes.


Pensando para satisfacer las exigencias de los jugadores que buscan un rendimiento profesional, el nubia Neo 3 5G incorpora un procesador gamer Octa-core de 6 nm que permite jugar de forma fluida y estable, incluso en títulos de alta demanda. Equipado con hasta 20GB de RAM dinámica (8GB RAM + 12GB RAM dinámica) y 256 GB de almacenamiento interno, garantiza capacidad de respuesta rápida y espacio suficiente para más de 900 episodios de series, 65 aplicaciones de juegos, 60 mil canciones o 50 mil fotos.

Experiencia de juego inmersiva, inteligente y tecnología IA
El equipo está potenciado con Game Space IA 3.0, que optimiza el rendimiento según el tipo de juego y ofrece accesos directos mediante los gatillos táctiles programables para simplificar acciones y mejorar el control en pantalla.

Además, el motor lineal Z-Axis proporciona una retroalimentación háptica intensa, mientras que la luz RGB integrada se puede activar durante llamadas, notificaciones y acciones dentro del juego ampliando la inmersión.

La función NeoTurbo contribuye a un desempeño más rápido, estable y eficiente, mientras que las tecnologías de congelación de apps y decisión de escena ajustan de forma inteligente el consumo de energía y la experiencia de usuario.

El Neo 3 5G incluye a Demi, un compañero virtual con inteligencia artificial que interactúa por texto o voz, y brinda funciones como alarmas personalizadas, transmisión en vivo como avatar virtual y soporte dentro del juego. Esta innovación busca hacer del uso cotidiano del smartphone una experiencia más divertida y personalizada.

Pantalla, sonido y batería: más allá del gaming
La pantalla perforada de 6.8” HD+ con tasa de refresco de 120Hz y brillo pico de 1000 nits, asegura una visualización ultra fluida y vívida. Además, su sonido estéreo con tecnología DTS:X Ultra mejora la percepción espacial del juego.

El equipo cuenta con una batería de 5200 mAh y carga rápida de 33W con la opción de bypass charging para utilizar la energía directamente desde el cargador sin pasar por la batería para reducir el calentamiento y extender la vida útil.

Cámara inteligente y funciones creativas
La cámara dual de 50 Mpx + 2 Mpx, junto con la cámara frontal de 16 Mpx, está respaldada por IA para lograr fotografías de alta calidad incluso en condiciones de poca luz. Ofrece modos como HDR IA, Captura Dinámica, Super Nocturno y un completo editor con funciones de desenfoque mágico, stickers faciales y traducción en tiempo real.La edición de Free Fire contará con wallpapers, ringtones, tonos y un tema del mejor Battle Royale para móviles.

El nubia Neo 3 5G está disponible en los Centros de Atención a Clientes, distribuidores autorizados y tienda en línea Telcel en los diferentes Planes Telcel o bien en Amigo Kit, a partir de $5,499.00 pesos, en colores Amarillo o Plata.

 

Ficha técnica – nubia Neo 3 5G
Display: Pantalla perforada 6.8” HD+ con 1000 nits de pico brillo, 120Hz Ultra Smooth
Memoria: 256 GB de memoria interna y hasta 20 GB en RAM dinámica
Procesador: Gamer 5G 6nm, Octa-core T8300 2.2 GHz
Sistema: Android 15
Batería: 5200 mAh con carga rápida de 33W
Cámara trasera: Cámara principal 50 Mpx + 2 Mpx
Cámara frontal: 16 Mpx
Conectividad: Bluetooth 5.4 WiFi 2.4 GHz / 5 GHz
Dimensiones: 168.3*76.5*8.3mm
Colores: Amarillo y Plata
Operador: Telcel
Tecnología: 5G
Precio: a partir de los $ 5,499.00 pesos
Otros: Acelerómetro, sensor de proximidad, sensor de luz, sonido DTS: X Ultra
Contenido de la caja: Cargador de pared, cable USB, un protector y guía de inicio rápido

 

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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