Inicia operaciones el Aeropuerto Barrancas del Cobre

El Gobierno del Estado de Chihuahua informa que el Aeropuerto Barrancas del Cobre, en Creel, inició formalmente operaciones este miércoles 31 de enero, a 20 años del inicio de este proyecto en la zona serrana de la entidad.

El primer vuelo llegó a las 8:41 horas; fue tripulado por el capitán Ramón Gutiérrez y Harold Elosegui, jefe regional de Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM), quienes despegaron de la ciudad de Chihuahua. En total fueron tres los aviones que aterrizaron esta mañana en el lugar.

La Administración estatal invirtió más de 30 millones de pesos en los últimos dos años para consolidar la obra, recurso destinado a la obtención de permisos, certificaciones, equipamiento, contratación y capacitación del personal técnico, generando 23 empleos directos y 25 indirectos, en beneficio de la comunidad de Bocoyna.

En el inicio de operaciones estuvieron presentes autoridades de la Secretaría de Innovación y Desarrollo Económico (SIDE); de la Administradora de Servicios Aeroportuarios del Estado de Chihuahua (ASACH); la Agencia Federal de Aviación Civil, SENEAM y la Guardia Nacional.

Se espera que en próximos días se realice la inauguración oficial, que será presidida por la gobernadora Maru Campos.

A partir de este miércoles el Aeropuerto Barrancas del Cobre está abierto a la aviación general y podrá recibir hasta 20 mil pasajeros, en beneficio de empresas chihuahuenses de servicios de transporte aéreo regional, comercios locales y turistas.

Durante el mes de febrero no se cobrarán los servicios de operación, como es el caso de la Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA), Servicios de Pernocta, Aterrizaje y Despegue, entre otros requerimientos para la llegada de aeronaves.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

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