Padre de esposa de Renato Ibarra asegura tiene evidencia del maltrato a su hija

Indignado y con impotencia, así es como Cléber Chalá se expresó acerca del incidente que sucedió en la casa de Renato Ibarra la noche de este jueves, donde asegura que sus hijas, la esposa del jugador americanista Lucely Chalá y su hermana Karen, sí fueron golpeadas en una habitación con alevosía y ventaja, y tiene evidencias.

“No va a poder negar nada, yo tengo videos de todo… Para empezar cómo puede pegarle a una mujer embarazada”, se lamenta Cléber desde Ecuador, ya que Lucely tiene 10 semanas de gestación. Y agrega: “Renato agarra lo que tiene en bolsas y le quiere pegar con eso a mi hija y lo agarran los demás delincuentes que él llevó desde aquí desde Ecuador porque si no la mata. Se ve claro cuando Renato coge lo que digo y se lanza”.

“Le pegaron también a mí otra hija Karen. Lucely ha estado con ese embarazo complicado y entonces mi hija mayor se fue a México a cuidarla unas dos semanas hasta que pasara el riesgo y ahí han estado las dos y para evitar el problema se quedaban encerradas en una habitación. Llegó Renato con las llaves, abrió la puerta para que entrarán a pegarles. Llevaba cuatro hombres y mis pobres dos hijas qué iban a hacer ante todos ellos. Tengo una impotencia grande, no se vale, lleva gente de aquí de Ecuador para que hagan el problema”, aseguró Chalá a RÉCORD.

A su vez, indicó que el futbolista azulcrema lo amenazó a través de una videollamada en la que sus hijas le expresaron la situación con emergencia.

“No sabía y mi esposa me cuenta llegando yo a mi casa en Ecuador y cuando ya habían terminado de pegar a mis hijas. Enseguida le hago una videollamada a mi hija Lucely y dice que les pegaron. Renato estaba en la puerta y seguía peleando con mi hija, eso no me lo contó nadie, lo vi yo. Ahí le dije que se metiera con un hombre, que agradeciera que no estaba yo allá.

“Me desafió y me dijo: ‘cuando quieras. Voy a pedir permiso al América para irme a Ecuador y allá nos vemos las caras’. Y de lo que le estaba pegando a mis hijas, se reía haciéndome burla”.

Chalá señaló que a Renato lo ha invadido la prepotencia y acusa a su padre René Ibarra de provocar todo por el dinero. 

“Todo es por el cochino dinero, que el papá piensa que todas las mujeres que se le acercan es por dinero. Renato está lavado del cerebro del papá y es el promotor de todo. Esto tiene antecedentes, el hermano que está en Pachuca, Romario Ibarra, hizo algo similar en México con otra chica, este viejo desgraciado mandó personas a Pachuca a que le sacaran a esta chica que estaba viviendo con él y se hizo un escándalo donde llegaron patrulleros. Estaba embarazada y tuvieron que sacarle el niño de emergencia y decían que la chica estaba en coma cinco días, así que ya están acostumbrados y no es la primera vez”, aseguró.

El jugador de las Águilas a través de redes sociales negó la noche del jueves haber golpeado a su mujer, pero Chalá insistió en que las pruebas que tiene en su poder evidencian lo contrario: “Ya se siente acorralado, sabe que la ‘embarró’, pensó que con el dinero que tiene puede hacer lo que le da la gana. Cree que con el dinero soluciona todo el daño que hace”, remató.

Vanguardia

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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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