Violencia en Guanajuato: abandonan los cuerpos de dos mujeres a cuadras del centro de Irapuato

Guanajuato.- Los cuerpos de dos mujeres asesinadas, embolsadas y cubiertas con cobijas, fueron dejados a pocas cuadras del centro de la ciudad de Irapuato.

Sobre el puente peatonal que comunica la zona centro con la colonia Plan Guanajuato, hombres armados abordo de un vehículo llegaron y dejaron los cuerpos de las dos víctimas.

El hecho se registró la mañana de este sábado 4 de abril y el reporte fue confirmado por autoridades locales. Hasta el momento no se ha informado la identidad de las mujeres.

La zona fue acordonada peritos de la fiscalía, llevaron a cabo las investigaciones correspondientes.

Este hecho se suma al abandono de los cuerpos de una mujer y un adulto de la tercera edad en una zona de la colonia de Lomas de San José Las Joyas, en León, el pasado 2 de abril. 

Vecinos que circulaban por un terreno despoblado informaron al sistema de emergencias 911 que sobre la maleza yacía el cuerpo de una mujer.

La víctima, de aproximadamente 28 años de edad, presentaba señales de violencia y varios impactos de arma de fuego.

Mientras que el adulto mayor se encontraba envuelto en una cobija pero presentaba también señales de violencia, según confirmaron policías municipales, aunque hasta el momento la causa de la muerte permanece sin ser revelada.

Entre el Jueves y Viernes Santo, Guanajuato registró un total de ocho homicidios en la entidad, según cifras de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. 

 

 

Con información de: LatinUs.

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Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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