
En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) una persona fue detenida con más de tres kilos de cocaína oculta en su equipaje, informó este sábado la Secretaría de Marina (Semar).
A través de un comunicado, la institución detalló que los hechos ocurrieron en la Terminal 2, cuando personal naval detectó la presunta droga tras revisar una maleta con doble fondo.
De acuerdo con la Marina, dicho equipaje pertenecía a un hombre de nacionalidad mexicana que regresaba de Bogotá, Colombia.
El personal de la Semar implementó una inspección con equipo especializado, el cual dio positivo a que la sustancia encontrada se trataba de probable cocaína. Asimismo, las dos bolsas que fueron halladas en la maleta dieron un peso de 2.56 kilos y de 730 gramos.
Posteriormente, el hombre fue arrestado y puesto a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR), al confirmarse que lo incautado se trataba de presunta cocaína al efectuarse las pruebas colorimétricas.
El pasado 2 de abril, la Semar también dio a conocer la detención de una extranjera que transportaba presunta cocaína oculta en frascos de productos cosméticos en el AICM.
Los hechos ocurrieron en la Terminal 2, cuando el personal de la Marina revisó el equipaje de la pasajera, procedente de Bogotá. Durante la inspección se hallaron 14 frascos de distintas capacidades de supuestos productos cosméticos, ocultos al interior del equipaje.
Ante esto, las autoridades los sometieron a un análisis con equipo especializado y arrojaron un resultado positivo de clorhidrato de cocaína.
Con información de: LatinUs.

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.
Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.
Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.
De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.
Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.
El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.
Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana.
La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo.
La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.
Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.
Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.

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Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.
