Cuba oficializa el uso de las tarjetas bancarias con el sistema de pago ruso MIR

El sistema de pagos MIR ha empezado a funcionar en Cuba, con lo que las tarjetas de pago rusas ahora son aceptadas en diferentes establecimientos comerciales de la isla, informó la compañía en su página web.

De esta manera, los turistas rusos pueden pagar con tarjetas MIR en tiendas, hoteles, restaurantes y otros negocios del país caribeño, incluidos los ubicados en populares destinos turísticos, como La Habana y Varadero. Los lugares donde podrán ser usadas las tarjetas se irán ampliando gradualmente, señaló Vladímir Kómlev, director general del sistema de pago.

En marzo de 2023, los visitantes rusos hicieron uso de la posibilidad de retirar efectivo de cajeros automáticos en Cuba unas 3.000 veces, agregó Kómlev.

El Banco Central de Cuba (BCC) comunicó que "en intercambio realizado este 5 de diciembre, entre representantes de Russian National Card Payment System (NSPK), Banco Central de Cuba (BCC), Servicios de Pagos (RED S.A) y Fincimex, quedó oficializada la operatoria de las tarjetas MIR como medio de pago a través de toda la red nacional de cajeros automáticos y Terminales de Punto de Venta (POS)".

En el marco de la reunión, los delegados visitaron una tienda para comprobar el funcionamiento de las tarjetas, "resultando satisfactorias sus acciones de compra".

"El momento muestra el buen estado de las relaciones financieras entre ambos países, lo cual contribuye al desarrollo económico" de Cuba, celebró el BCC.

  • La población rusa intensificó el uso de las tarjetas MIR, introducidas en 2015, tras la desconexión de Rusia del sistema interbancario SWIFT y la suspensión del funcionamiento en el extranjero de las tarjetas Visa, Mastercard y Maestro expedidas por los bancos rusos.

Con información de actuaidad.rt.com

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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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