Big Show deja la WWE y llega sorpresivamente a AEW

La noticia bomba en la lucha libre llegó por conducto de All Elite Wrestling, luego de que anunciaran la llegada del Big Show, luego de estar muchos años en la WWE. 

Horas antes del anuncio, el Big Show había quitado toda referencia de WWE a sus redes sociales, además que la empresa lo había trasladado a su sección de exluchadores.

Pero a los pocos minutos, AEW, principal competencia de la WWE, anunció la llegada de la figura de la lucha libre. 

El veterano luchador volverá a subirse al ring en la empresa de los Khan, además será comentarista de AEW Dark: Elevation.

“Ha sido asombroso ver lo que AEW ha construido en solo un par de años”, dijo Paul Wight.

 “AEW Dark es una plataforma increíble para perfeccionar las habilidades de los luchadores prometedores, pero también me encanta que el talento establecido de AEW pueda desarrollar su personalidad y mostrarse de nuevas formas en Dark. No es exagerado cuando dicen que AEW no tiene límites". 

"Él puede beneficiar y guiar a nuestros jóvenes talentos con su tutoría, y su comentario experto sobre AEW Dark: Elevation educará y entretendrá a nuestros fanáticos, y también educará a los luchadores más jóvenes en la lista. Además, Paul ingresa a AEW como un luchador con licencia y ¡Está ansioso por estudiar nuestro talento de primera mano desde la mesa de comentarios en preparación para su regreso al ring!", Comentó Tony Khan, presidente de AEW.

Con información de Vanguardia

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Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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