El Síndrome del Niño Dorado

Colaboración especial / Dra. Cristina Amézaga
Psicoterapeuta e Hipnoterapeuta
www.cristinaamezaga.com

Es  común pensar que muchos de los problemas psicológicos de la adultez se derivan de la falta de amor, calidez, apoyo, del trato y los cuidados adecuados por parte de nuestras figuras primarias de apego, nuestros padres.

Sin embargo  ¿Qué pasa cuando se sobreprotege a los hijos? ¿O  a uno de ellos en especial?

Hoy les voy hablar acerca de El Síndrome del Niño Dorado. 

Desde la llegada del bebé  a la familia, es rápidamente descrito por uno o más de sus padres como profundamente excepcional. Es  declarado como extraordinariamente bello, inteligente, talentoso y decididamente preparado para un destino especial.

La  madre o el padre “vuelcan” todo su amor en él y se convierte en el “preferido” al que los padres le prestan toda la atención. Lo sobreprotegen de una manera que nadie puede objetarle absolutamente nada, pues los padres lo tomarán como una ofensa.  Además, se le justifica cualquier error que cometa; sus padres se encargarán de esconder esos defectos de su preciado hijo y es común que lo premien con regalos, permisos, halagos y trato especial.

Como el hijo o hija se forma en este ambiente, verán la actitud de los padres como normal y demandan ese trato a su círculo social. Culparán a los demás por sus errores, manipularán e incluso van a mentir, porque saben que no van a ser castigados por sus progenitores y eso esperan de los demás.

Esta forma de crianza, donde los padres aman en exceso y patológicamente, va conformando lo que ahora se conoce como el “Niño Dorado” pues sus padres lo tratan  como un trofeo que presumen ante los demás teniendo como una ganancia alimentar su propio ego. 

En apariencia, podría parecer que los pequeños rodeados de tanto amor y cuidados tendrán  una gran  confianza y seguridad en sí mismos, pero la realidad es que provoca varios problemas.

Aunque pudiera pensarse que un niño tan querido y protegido sería muy feliz, dado que también se le evitan los tropiezos, en la realidad no siempre es así.  Es sometido a mucha presión, ya que al ser considerado un niño extraordinariamente especial, las expectativas para él son muy altas lo que le representa una carga enorme  de responsabilidad  para poder complacer a sus padres.

Generando una relación tóxica donde el niño siente la necesidad de honrar a sus padres y estos necesitan que él cumpla las expectativas para poder alimentar su propio ego.

Por ejemplo, desarrollan mecanismos de defensa para evitar perder su status de “favorito”, por lo que  crecen con el temor a equivocarse, ya que en este caso sí puede ser castigado severamente al no desarrollar la conducta que el padre desee.

Por otra parte, lógicamente que al enfrentarse al “mundo real” le va a ser muy difícil relacionarse de una manera sana con los demás, entre otras cosas.

EL NIÑO DORADO EN LA FAMILIA NARCISISTA

(Niño de Oro v/s Oveja Negra)

En una familia donde hay un padre o una madre narcisista los hijos jugarán uno de dos roles (dependiendo de varios factores) los cuales les van a ser asignados por el/la narcisista. 

El Chivo Expiatorio es el hijo (o hija) odiado del narcisista, la oveja negra de la familia. 

El/la narcisista cree que su Chivo Expiatorio hace todo mal, es rebelde, grosero y mal agradecido. No "aprecia el amor" que está recibiendo en la casa.

Este hijo, al contrario del Niño de Oro, va a ser "el culpable" de todos los problemas de la familia. El padre o la madre narcisista se va a encargar de criticar, humillar, desaprobar y culpar al Chivo Expiatorio, inclusive cuando este hijo(a) no haya hecho nada malo.

El padre narcisista se encarga de triangular información o comentarios con su Niño de Oro y su Chivo Expiatorio para crear separación, envidias, rencores y celos entre ellos. El narcisista también va a alentar al Niño de Oro a que critique, manipule y maltrate a su hermano(a).

El Niño de Oro obedece al padre narcisista para evitar el castigo y ven esto como su medio de supervivencia.

Los Chivos Expiatorios, después de vivir tantos años en este ciclo de abuso familiar, pueden terminar con la autoestima muy baja y una depresión profunda. Si no resuelven y superan estos conflictos personales, es muy probable que terminen relacionándose o casándose con un(a) narcisista y volver a caer en el ciclo de abuso.

En ambos casos, tanto El Niño de Oro como El Chivo Expiatorio son casos de niños que sufren un abuso narcisista. 

Aunque sean víctimas de distinta manera  (uno por la aprobación, el miedo y el control y el otro por la desaprobación, la culpa, la humillación y el rechazo)  en ambos casos, los hijos de un padre o madre narcisista viven en un ambiente tóxico y destructivo.

Estos ciclos de abuso con los hijos son encubiertos y se llevan a cabo en el hogar, a puerta cerrada, en donde nadie ajeno a la familia pueda presenciarlos.

Si te identificas con el contenido de este artículo, con alguno de estos roles o bien provienes de una familia donde hubo esta diferenciación notable por alguno o ambos progenitores, te recomiendo que trabajes en ello.

  • Con terapia
  • Hacer un trabajo interno para reconocer el rol que jugaste en la familia.
  • Trabajar la culpa, el perdón y desde luego la autoestima. 
  • Aprende a decir No
  • Lidiar con el estrés.
  • Crecer con un padre narcisista implica vivir estresado: nunca eres lo suficientemente bueno o buena, inteligente, guapa o vete a saber qué basura más dependiendo de la obsesión parental. Y eso significa que creciste estresada. 
  • Puedes padecer de ataques de pánico, parálisis nocturna, pesadillas, insomnio, temblores, depresión, ansiedad, tu cuerpo llega al borde del colapso al llegar a la edad adulta.

Así que anda, date un poco de amor y adopta cualquier cosa que te haga salir de ese ciclo, desde yoga, hasta una buena y clásica terapia psicológica (o psiquiátrica, que esto ya debería dejar de ser tabú).

  • Aprender a poner límites a los demás y si es necesario, alejarse de los padres narcisistas.
  • No es tu culpa que tus padres te hayan puesto en ese rol. 

Como siempre, me pongo a tus órdenes por si tienes preguntas al respecto y también te recuerdo que estoy abierta a tratar sobre algún tema en específico sobre el cual quisieras saber más. Igualmente te sugiero que busques ayuda profesional  que te apoye en un proceso de autoconocimiento, sanación y desarrollo personal. 

Por favor escríbeme, acá te dejo mi correo hola@cristinaamezaga.com, también puedes hacerlo por mensaje directo a través de mis redes sociales. 

Si deseas transformar tu mente, así como romper con los bloqueos o limitaciones que te estén haciendo difícil avanzar,  conseguir el éxito y bienestar que quieres para tu vida, contáctame también a través de mi WhatsApp: https://wa.link/u7yt18

Igualmente, será bienvenido cualquier comentario de tu parte, estaré feliz de escucharte y/o  leerte. 

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Dra. Cristina Amézaga

Psicoterapeuta e Hipnoterapeuta

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La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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