“La gran influencer Mexicana”, reconocen a corredora rarámuri Lorena Ramírez en redes sociales

Un usuario de la red social TikTok reconoció como “la gran influencer Mexicana” a la corredora rarámuri Lorena Ramírez, difundiendo a sus seguidores porque considera que le queda el título y haciendo énfasis en las costumbres de los rarámuri.

“¿Sabéis que los rarámuri o los tarahumaras son los mejores corredores de la historia?”, comentó la mujer de origen español para después explicar la forma de vida de la deportista Chihuahuense, así como también su particularidad forma de vestir para correr, puesto que lleva ropa tradicional de esta etnia y por supuesto, sus huaraches, inclusive llega a mencionar que en alguna ocasión le ofrecieron un par de tenis y ella contestó “no sé si los use la gente que los usa siempre va detrás de mí”.

A pesar del alto reconocimiento por la gente, menciona la mujer que la atleta de alto rendimiento no recibe apoyos deportivos gubernamentales pese a que ha ganado 5 veces un ultramaratón de 100 km por lo que Ramírez sube y baja la montaña ante temperaturas que superan los 40°C, la usuaria agregó a esto que Lorena no habla bien el español y quien le traduce en entrevistas es su hermano, destacando que la lengua Tarahumara es una de las 68 lenguas indígenas que corren el riesgo de desaparecer.

Aplaudió que para Lorena ganar una carrera no guarda el sentido de una competición y de una victoria sino el de ganarse la vida, pues cabe destacar que el dinero que gana en las carreras es empleado para comprar alimentos y para sostener a su familia.

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América Rangel crítica imágenes del AIFA y desata debate político

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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