Entrega Presidente Municipal rehabilitación de parque Rincones de Salvarcar

A fin de continuar con la mejora de espacios públicos de la ciudad, el Presidente Municipal Cruz Pérez Cuéllar entregó esta tarde la rehabilitación del parque comunitario Rincones de Salvarcar.

"Estamos aquí y será sin duda de utilidad para los jóvenes, eso es lo más importante, sigamos cuidando los espacios que tenemos para que los jóvenes hagan deporte, el deporte es fundamental en la construcción de una persona”, mencionó el alcalde.

Los trabajos realizados por la Dirección General de Obras Públicas fueron la rehabilitación de mobiliario existente, ejercitadores, gradas, muro perimetral de cancha, reemplazo de pasto sintético, colocación de malla sombra en gradas, pintura de muro perimetral del centro comunitario y colocación de red de campo, bajo una inversión de $2,454,838.52.

“Hoy iniciamos una nueva etapa con la rehabilitación de nuestro parque comunitario Rincones de Salvarcar que tanto lo necesitábamos, solo me resta decirle señor Presidente de la comunidad en general pero en especial de los jóvenes y niños, que asisten a este espacio, agradecemos que haya escuchado nuestra petición y darle esa importancia”, mencionó el beneficiario Mario Alberto Camarena.

Como trabajos complementarios la Dirección de Servicios Públicos realizó la instalación de 14 luminarias led dentro del parque, mantenimiento de 225 más y 5 gabinetes de control en toda la colonia, así como el retiro de 25 llantas, 2 toneladas de basura, tierra de arrastre, tiliches y escombro.

En el evento también estuvieron presentes Jesús Manuel García, director general de Central Comunitarios; Daniel González, director general de Obras Públicas; Arturo Rivera, titular de Servicios Públicos, Abraham Espitia, director de Alumbrado Público y la beneficiaria Patricia Jiménez.

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América Rangel crítica imágenes del AIFA y desata debate político

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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