El suicidio de Adolf Hitler y la "autodestrucción" de la sociedad alemana

CIUDAD DE MÉXICO (France 24) .- Hace 80 años, el 30 de abril de 1945, Adolf Hitler se suicidó en su búnker con su esposa Eva Braun, escapando así de la justicia. En las últimas semanas del régimen nazi, Alemania también se vio marcada por una oleada de suicidios entre la propia población. 

El 3 de mayo de 1945, todos los periódicos franceses publicaron titulares sobre la muerte de Hitler. Aunque la Segunda Guerra Mundial en Europa aún no había llegado a su fin, repetían las declaraciones de la radio alemana:  

"Desde el cuartel general del Führer se ha anunciado que nuestro Führer Adolf Hitler ha caído esta tarde en su puesto de mando de la Cancillería del Reich, luchando hasta su último aliento por Alemania contra el bolchevismo". 

La realidad, sin embargo, era bien distinta. Tres días antes, el 30 de abril, ante el avance del Ejército Rojo, el líder del Tercer Reich se suicidó de un disparo junto a su amante, Eva Braun, que se había convertido en su esposa el día anterior. 

"Eligió su muerte", explica el historiador Jean Lopez, autor de “Los últimos cien días de Hitler” (publicado por Perrin). "Para él, no había otra opción que quedarse en Berlín y morir allí. Lo peor para él era ser capturado". 

Este suicidio puso fin a varios meses de decadencia. El 30 de enero de 1945, ante el avance de los ejércitos aliados, tanto en el Este como en el Oeste, pronunció su último discurso radiofónico en un tono sombrío. Desde su búnker a ocho metros bajo tierra, instó una vez más a los alemanes a luchar. Pero su voz ya se había apagado. 

"Contrariamente a la creencia popular, el Ejército alemán no luchó con un heroísmo demencial hasta el último momento", señala Jean Lopez, director de la revista “Guerres & Histoire”. "Luchó cada vez peor. La tasa de deserción no dejaba de aumentar". 

Tanto en el Este como en el Oeste, los soldados intentaron esconderse entre las ruinas. La sociedad alemana se encontraba en un estado similar de desorganización. 

"Se estaba desmoronando. La inmensa mayoría de la gente solo intentaba sobrevivir. Estaban más preocupados por los bombardeos y por huir del Ejército Rojo que por la supervivencia de Hitler o por lo que pudiera decir", describe el historiador. 

"Un teatro de sombras" 

Alemania vivía el apocalipsis en el que la había sumido Adolf Hitler. De los 5.3 millones de soldados alemanes que murieron en la Segunda Guerra Mundial, 1.4 millones cayeron entre el 1 de enero y el 9 de mayo de 1945.  

Los bombardeos aliados también se cobraron miles de vidas. En medio de todo este caos, Adolf Hitler seguía lanzando contraofensivas fantasiosas: 

"Su voluntad seguía siendo inflexible, pero cada vez era más un juego de sombras. Está perdiendo el contacto con la realidad. Cada vez salía menos al aire libre. Estaba confinado". 

El 20 de marzo de 1945, en los jardines de la Cancillería, cerca del búnker, pasó revista a unos cincuenta oficiales de las SS y niños de las Juventudes Hitlerianas. Parecía físicamente deteriorado, aquejado de temblores debidos a la enfermedad de Parkinson.  

Al hombre que había imaginado un Tercer Reich que duraría mil años le costó admitir la derrota, como señala Jean Lopez: "Fue realmente a finales de los últimos días de abril cuando dijo públicamente delante de unas diez personas que la guerra estaba perdida".  

Varios dignatarios nazis, como Hermann Göring y Heinrich Himmler, ya habían intentado encontrar una salida. Otros, como Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, que se unió a él en el búnker con su esposa Magda y sus seis hijos, permanecieron leales hasta el final.  

El 29 de abril, Adolf Hitler se casó con Eva Braun. Ese mismo día se enteró de la muerte del dictador italiano Benito Mussolini y de su amante Clara Petacci, asesinada el día anterior. Sus restos fueron expuestos en una plaza de Milán, donde fueron colgados por la multitud. 

"La idea de que su cuerpo desnudo y el de su esposa pudieran ser exhibidos de esa manera le llenaba de terror. Fue realmente la gota que colmó el vaso", resume Jean Lopez. "Aunque, en cualquier caso, nunca había pensado en hacerse prisionero". 

A primera hora de la tarde siguiente, se retiró con Eva Braun. Se pegó un tiro en la cabeza, mientras su esposa ingería cianuro. Unas horas más tarde, Joseph y Magda Goebbels hicieron asesinar a sus seis hijos, antes de suicidarse también. Todos sus cuerpos fueron incinerados en el jardín de la Cancillería e identificados por el ejército soviético cuando llegaron a las afueras del búnker. 

"Una orgía de suicidios" 

Al mismo tiempo, Alemania se vio azotada por una oleada de suicidios. A medida que el régimen nazi se derrumbaba y finalmente se rendía el 8 de mayo, miles de personas decidieron acabar con todo.  

La ciudad de Demmin, al norte de Berlín, en Pomerania, se vio especialmente afectada por este fenómeno. Entre el 30 de abril y el 4 de mayo de 1945, entre 500 y mil habitantes se quitaron la vida.  

En su libro "Los suicidios de Demmin" (publicado por Gallimard), el historiador Emmanuel Droit, director adjunto del Centro Marc Bloch de Berlín, examina esta "orgía de suicidios". En su libro, describe el abandono por los oficiales nazis, que volaron los puentes, atrapando a la población.  

El 30 de abril, los soviéticos entraron en la ciudad. Durante la noche, bajo los efectos del alcohol, violaron a las mujeres. 

"Hubo violaciones en otras partes de Alemania oriental cuando llegó el Ejército Rojo, pero no provocó una explosión de suicidios. Pero en Demmin, varias personas se sintieron abandonadas por las fuerzas alemanas y no vieron otra opción que quitarse la vida", explica el historiador. "Para un cierto número de alemanes de a pie, no había otro mundo posible que aquel al que Hitler les había arrojado". 

Según Emmanuel Droit, "era menos la lógica fanática la que llevaba al suicidio que la desesperación. Es una forma de agotamiento nervioso". En el conjunto de Alemania, 20 mil personas se quitaron la vida en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial. 

"Una lectura alternativa de la memoria" 

Ochenta años después, el tema sigue siendo delicado. 

Emmanuel Droit se interesó por él cuando descubrió que, todos los años, el 8 de mayo, la extrema derecha del país organiza marchas silenciosas en memoria de las víctimas alemanas del conflicto:  

"No reúne a decenas de miles de personas, pero es una forma de ocupar el espacio público y poner de relieve una lectura alternativa de la memoria de la Segunda Guerra Mundial". 

Para el historiador, el objetivo de estas manifestaciones es "poner a todas las víctimas al mismo nivel y quitar responsabilidad a los alemanes al pasar por alto el hecho de que ellos fueron los responsables de iniciar el conflicto".   

Sin embargo, Emmanuel Droit considera que es importante abordar este episodio al final de la guerra, que ilustra una política de terror ejercida por el régimen nazi contra su propia población:  

"Los alemanes estaban atados de pies y manos y acompañaron a Hitler en esta coreografía de autodestrucción". 

Adaptado de su original en francés 

Autor: Stéphanie Trouillard 

Con información de proceso.com.mx

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