Finaliza Municipio instalación de lámparas LED en 23 colonias del sector Panamericana

El Gobierno Municipal, a través de la Dirección de Mantenimiento Urbano, finalizó con la modernización del alumbrado público LED en el sector Panamericana, el cual incluye 23 colonias, en donde se realizó una inversión aproximada de 4 millones 500 mil pesos.

Con estas acciones de modernización se está beneficiando a más de 19 mil vecinos de esos sectores en donde se sustituyeron más de 900 luminarias antiguas de vapor de sodio por luminarias modernas de tecnología LED; además dentro de estos trabajos se realizó de igual manera la modernización de los parques que se ubican en esa zona.

Es de recordar que las colonias beneficiadas con estas acciones de modernización son: Panamericana, San Andrés, Los Encinos l y ll, Paseos de las Moras l y ll, Arboledas en todas sus etapas, los Frailes, Colinas del Sol, San Pablo, Lomas Los Frailes, Lomas del sol ll, Charros, Argentina, Burócrata Estatal, Unidad Presidentes, Progreso, Fidel Velázquez, Américas y Recursos Hidráulicos.

Christian Medellín, director de Mantenimiento Urbano informó que como lo ha reiterado el alcalde Marco Bonilla con trabajo y resultados estamos avanzando en la modernización del alumbrado público de Chihuahua Capital, ya que una iluminación de buena calidad es de suma importancia para brindar mayor seguridad a las y los capitalinos.

Con este tipo de acciones es como el Gobierno Municipal, continúa brindando trabajo y resultados a las y los ciudadanos e invita a la ciudadanía a realizar sus reportes por fallas en el sistema del alumbrado público en el Centro de Respuesta Ciudadana (CRC) en el número 072 el cual le atiende de lunes a viernes de 7:00 A.M. a 8:30 P.M. o bien en la aplicación “Marca el Cambio” la cual recibe reportes las 24 horas todos los días de la semana.

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América Rangel crítica imágenes del AIFA y desata debate político

La diputada América Rangel criticó públicamente las imágenes del AIFA difundidas por Claudia Sheinbaum, señalando que, aunque pueden parecer motivo de burla, en realidad reflejan una situación “muy grave”.


Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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