Colecta nacional de cabello: 16 estados se unen para frenar el impacto del derrame en Veracruz

MÉRIDA, Yuc., (apro) .- En México, la mitad del país –16 de los 32 estados– se sumó a la colecta de cabello para crear barreras de contención y ayudar a limpiar el Golfo de México del derrame de petróleo, que afectó prioritariamente a la costa de Veracruz.  

En Yucatán se juntaron 21 kilos que ya fueron enviados junto con insumos de protección para las personas voluntarias.  

A través de la convocatoria de Ayudando Patitas se sumaron diversas personas en los estados de Guanajuato, Hidalgo, CDMX, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Yucatán. 

Pamela Tapia, la directora de la asociación Mujeres, Niñas y Diversidad en Yucatán e integrante del grupo del Asesoramiento Científico y Tecnológica del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, explicó que el uso de barreras de cabello son una herramienta muy útil a pequeña escala y permite llegar a lugares de difícil acceso como manglares. 

“Es una solución poderosa a pequeña escala y en laboratorios ha demostrado que es una buena opción para remover el crudo.  En campo puede cambiar, hay factores a considerar como temperatura, si queremos eliminar aceites, recursos disponibles, relieves y la accesibilidad a la zona (...) Es importante contextualizar que su alcance no es una solución a gran escala, sino una herramienta complementaria que es útil en zonas de difícil acceso como manglares. No puede contener un derrame a gran escala”, expuso. 

Advirtió que otra de las consecuencias de este tipo de desastres medioambientales como el derrame de petróleo es el impacto en la identidad de las personas. No sólo pierden calidad de vida, sino que se compromete su relación con el entorno. 

“Hay impactos para las personas en cuestión de salud y pérdida de identidad. Hay que recordar que las comunidades son un espejo de la biodiversidad que nos rodea, si perdemos el acceso a nuestro océano saludable, perdemos también nuestros sitios de recreación y fuente de alimento y un sin fin de contribuciones del océano a la humanidad”, agregó. 

Geraldine Bazán es una mujer yucateca que se sumó a las personas voluntarias para poder ayudar a limpiar el océano. Ella junto con otros puntos de recolección, no solo juntaron cabello, también donaron cortes de pelo. 

“Contacté por redes sociales a Ayudando Patitas y les envíe mensaje y quedamos como uno de los puntos de recolección. Todo ha estado fluyendo, todos dicen que sí. Empecé a salir a las estéticas para preguntar si se sumaban. Queremos ayudar porque no podemos dejarle toda la responsabilidad a las autoridades, si nosotros también podemos hacer algo”, comentó. 

Según un comunicado de Greenpeace, el derrame del hidrocarburo inició desde febrero. Sin embargo, los primeros indicios que fueron denunciados por pescadores ocurrieron los primeros días de marzo en las playas de Tabasco y Veracruz.  

Del tema, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum descartó que PEMEX sea responsable y para esto se creó un grupo Grupo Interinstitucional, que aseguró que las causantes fueron dos chapopoteras naturales, una cercana a Coatzacoalcos y otra a Cantarell. 

De los daños al medioambiente, se han hallado restos de delfines, aves marinas, tortugas y peces muertos en Tabasco y Veracruz.  

 

 

Con información de: Proceso.

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Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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