Activa SSPE operativo vial en actividades religiosas por instrucción de Gilberto Loya

 

La Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE), a través de la Subsecretaría de Movilidad y Cultura Vial, informó que se brinda acompañamiento y apoyo a diversas iglesias que realizan representaciones del viacrucis, con el objetivo de garantizar la seguridad vial y la integridad de la ciudadanía durante estos eventos religiosos.

El Subsecretario de Movilidad y Cultura Vial, César Komaba, que hasta el momento se han recibido alrededor de ocho solicitudes por parte de distintas parroquias, a las cuales se les brinda cobertura mediante operativos que incluyen rondines de vigilancia y presencia permanente en puntos de mayor afluencia.

El despliegue operativo se adapta a las características de cada evento, ya que en algunos casos se realizan recorridos preventivos, mientras que en otros se mantiene presencia fija debido a que se trata de zonas con mayor tránsito vehicular o concentración de personas.

El principal objetivo es garantizar condiciones de seguridad para quienes participan en estas actividades, así como para quienes transitan por las vialidades donde se desarrollan, privilegiando el orden y la movilidad.

Asimismo, hizo un llamado a la ciudadanía a mantener la paciencia y comprensión ante este tipo de eventos, que forman parte de las tradiciones religiosas, así como a respetar los señalamientos viales, dispositivos de seguridad y las indicaciones del personal operativo.

De igual forma, se exhortó a conducir con precaución en las zonas donde se desarrollan los viacrucis, respetar los vallados y contingentes, y extremar cuidados, especialmente en el resguardo de niñas y niños, para evitar incidentes.

La SSPE reiteró su compromiso de trabajar de manera coordinada para brindar seguridad en eventos públicos y garantizar la convivencia ordenada y segura durante estas fechas.

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Rangel acusó que cuando una figura de alto nivel difunde información que considera falsa, no se trata solo de comunicación, sino de manipulación. Además, advirtió que tolerar este tipo de prácticas implica aceptar que el poder puede mentir sin consecuencias.


Finalmente, hizo un llamado a no normalizar estos hechos, subrayando que no deben permitirse dentro de la vida pública.


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De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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